Texto de Benedicto Prezia, Fraternidad Secular Charles
de Foucauld
Si hubo algunas limitaciones físicas en nuestra última Asamblea Nacional, principalmente debido al calor, puedo asegurar que las superamos con creces con las experiencias vividas. Así que me gustaría compartirles algo de lo que sentí en estos días, especialmente la visita a la Iglesia de la Trinidad.
Si hubo algunas limitaciones físicas en nuestra última Asamblea Nacional, principalmente debido al calor, puedo asegurar que las superamos con creces con las experiencias vividas. Así que me gustaría compartirles algo de lo que sentí en estos días, especialmente la visita a la Iglesia de la Trinidad.
Durante la reunión de la familia Charles de Foucauld, a la que participé en 2010, pudimos visitar un templo dedicado a la Trinidad. Pero esta vez visitamos otra Iglesia de la Trinidad, no una iglesia de ladrillos, sino una Iglesia viva, hecha de ángeles y santos vivientes...
Una de las grandes gracias de nuestro encuentro fue la presencia de Henrique, el peregrino, como ponente. Él nos habló de encuentros con Dios que se producen en nuestras vidas. Nos habló largo y tendidamente sobre Gabriel, una persona sin hogar que vivía en una iglesia abandonada en la isla de Itaparica, convirtiéndose en un nuevo mensajero de Dios. Se le llamó el Santo Ángel de la Luz Divina.
¡Qué agradable sorpresa
cuando llegamos allí, ser recibidos por aquellos "ángeles".
Los antiguos moradores de la calle, con sus neurosis y trastornos
mentales, encuentran poco a poco una nueva vida. Muchos nos
dieron la bienvenida con una gran sonrisa, preguntando por nuestros
nombres... Otros siguieron en su mundo, medio ausente...
A continuación nos acompañaron a la nave de la iglesia, donde el "arcángel" João, de la Fraternidad de los Hermanos del Evangelio, nos hizo sentar en el suelo para una breve presentación. Delgado, con su bastón de pastor y con voz fuerte, nos contó aquel “milagro” de la recuperación de la iglesia abandonada .
El templo era la imagen de
la situación en la que vivían las personas sin hogar en esa gran
ciudad, no muy diferente de lo que se ve en los grandes centros
urbanos de Brasil. Esa zona del puerto se parecía a las zonas
degradadas de muchas ciudades: drogadictos, personas sin hogar,
prostitutas... y pequeños ladrones. El abandono de la iglesia era la
imagen del abandono de esos "verdaderos templos” ocupados por
el Espíritu Santo, que se encontraban tirados en la cuneta…
Hasta que un grupo decidió cambiar ese local. Henrique, el peregrino, el hermano João y algunos voluntarios decidieron recuperar la iglesia, transformándola en un lugar de acogida para los pobres. Con decisión fueron a ver al cardenal para solicitar la autorización para ocupar la antigua iglesia. ¡En una campaña de limpieza retiraron más de 300 bolsas de basura! La negociación para conseguir la salida de adictos y personas que usaban la iglesia para "encuentros románticos" no fue fácil...
Poco a poco, el santuario se convertió en un nuevo espacio de vida para las personas sin hogar. A petición del grupo, João, que vivía solo en su fraternidad, en otro barrio de Salvador, decidió mudarse allí. Pidió permiso a sus superiores y construyó una pequeña casa en un pequeño bosque que se encuentra al lado de la iglesia. Y así pasó a tener una nueva fraternidad... junto con la gente de la calle.
El grupo tiene su propia dinámica: todos los días hace sopa a partir de los restos de verduras recogidas en un gran mercado que está cerca de la iglesia. Y hacia las 5 de la tarde se celebra la Eucaristía con la toma de la “sopa”. La Misa no es antes ni después sino durante la comida, recuperando lo que el Señor hizo en la última cena y lo que hicieron los apóstoles en el cristianismo primitivo .
Durante la visita nuestro grupo escuchó atentamente como João explicó la dinámica de este centro comunitario. La semilla está dando frutos, siendo una referencia de trabajo social con estas personas, tratando de devolverles su dignidad, sin paternalismo o asistencialismo alguno. El último día de aquel año invitaron al cardenal arzobispo Geraldo Majella a celebrar la misa. Era algo inefable, que sin duda marcó la vida del cardenal, porque a partir de entonces el Cardenal visitó la comunidad cada fin de año, celebrando allí el año que pasó de una manera muy diferente de otros lugares de Salvador.
Esta iglesia no es un
templo como los demás. A excepción del bonito cuadro de los ángeles
que visitan a Abraham, que está en la parte delantera, sobre una
especie de altar, el lugar no tiene pinta de templo y se convierte en un
gran espacio para la comunidad. En cada nave lateral, duermen por
separados hombres y mujeres que han hecho allí su hogar. Ahí
guardar sus pertenencias, lo que hace que el lugar se parezca más a un gran
taller, como debería ser el hogar de Jesús en Nazaret.
Creo que el Señor se complace en ver su casa ocupada por los "escogidos del Padre", muy diferente de las iglesias del centro histórico de Salvador, que se parecen más a museos que a "casas de oración". En esas otras iglesias históricas hay que pagar la entrada para disfrutar de las obras de arte. En ésta nos dieron fraternalmente la bienvenida para darnos a conocer nuevas obras de "arte vivo", derivadas de canalones y toldos.
También visitamos el
pequeño bosque donde se construyó una pequeña capilla, muy
apropiada para la oración. Al lado hay dos celdas, ideal para
aquellos que desean hacer un día de desierto o de retiro. En la
esquina está la casa donde vivió João.
Desafortunadamente tuvo que abandonar el lugar después de un atraco
que sufrió en la Navidad de 2011. Fue gracias a los "ángeles
de la Trinidad" que no murió porque oyeron sus gemidos, después
de que un loco saltó por encima del muro, entró en su casa para
robar y como no encontró nada de valor, le golpeó furioso.
Por un milagro de Dios sobrevivió a este ataque.
Llevado a un hospital cercano, después de pasar unos días en la Unidad de Cuidados Intensivos, fue operado. Una nueva cirugía se realizó en Italia, donde viven sus familiares. Una vez recuperado pidió a los hermanos volver a "su fraternidad ".
Así que otra vez está ahí, recuperado, junto a sus "hermanos". Al final de la visita, me dijo : "¿Ves por qué no me quedé en Italia? Aquí está mi vida ".
De hecho, ese ambiente y los desafíos de la vida cotidiana dan mucha energía a este "ángel" que tiene más de 80 años... Que Dios le guarde y todos los que trabajan en la Iglesia de la Trinidad para que sigan siendo ángeles en la ciudad de San Salvador .