En el
marco de las celebraciones del Centenario, el encuentro de Taizé
tuvo
lugar durante la segunda quincena de agosto.
Tal como estaba previsto en el marco de las celebraciones del Centenario, el encuentro de Taizé propuesto a los jóvenes de Europa, de la familia espiritual o no, tuvo lugar durante la segunda quincena de agosto. Según los participantes, fue un tiempo intenso y para más de uno, un conmovedor momento de fraternidad.
Todo empezó el 16 de agosto con un grupito de 13 que nos reunimos en el sur de Macon para empezar el camino itinerante, que tenía que conducirnos cinco días después a Taizé. La idea era vivir un tiempo fraterno para descubrir y acoger a aquellos o aquellas que se unirían a nosotros a lo largo de las etapas. Un primer día entre viñas y colinas, cruzando pueblos con encantadores nombres, Pouilly, Solutré ou Fuissé. El sol calentaba demasiado para arriesgarse a catar los vinos de la región. Por suerte, los siguientes días fueron más frescos, incluso una mañana el suelo estuvo totalmente mojado. A partir de este momento caminamos a través de prados y bosques, por senderos bordeados de abundantes arbustos.
Aún sin ser un retiro, empezábamos el día con una oración en común seguida de un largo tiempo de marcha en silencio. Normalmente las iglesias de los pueblos estaban abiertas y pudimos celebrar en ellas.
En Matour, las hermanitas se unieron al grupo; al día siguiente en Tramayes se unió el grupo de Italia. En Cluny estuvimos 35 para dormir y todavía fuimos más en la marcha de la última etapa del domingo.
A medida que pasaban los días, la timidez y las barreras lingüísticas fueron cayendo, cada uno daba un paso hacia el otro… o al lado. Así pues, un alegre equipo subió la colina, uniéndose a aquellas y aquellos que vinieron sólo para una semana. Algunos se instalaron en un “super” camping, otros durmieron en un alojamiento reservado a los hermanos. Nuestro
grupo representaba muy bien la diversidad y la internacionalidad de la
Fraternidad, estando formado por 85 personas, de 21 nacionalidades
diferentes.
Nuestra presencia encajó totalmente en la dinámica de Taizé: participación en las tres oraciones comunes que estructuran el día, participación asidua a los grupos bíblicos que los hermanos animaban cada mañana. Sólo las tardes fueron “Foucauld”. Un programa estaba previsto para continuar descubriendo al hermano Carlos y su espiritualidad: videos, intercambios en pequeños grupos, testimonios, juegos en los que podíamos comprendernos sin hablar la misma lengua, talleres creativos… todo estaba hecho para que cada uno lograra impregnarse, expresarse, escuchar y saberse escuchado. Ante una asamblea abierta a todos, Adib refugiado sirio que hizo la marcha con nosotros desde el principio, nos habló del hermano Paolo que conoció y dio testimonio de su propia trayectoria que le condujo de Homs a Mulhouse.
El hermano Michael Davide, monje benedictino, vino de Italia para hablarnos sobre “la actualidad del carisma de Carlos de Foucauld”. Su conferencia desbordó ampliamente el tema, que fue lo suficientemente intenso para que cada uno encontrara algo que le interpelara fuéramos de la familia o no. Con un espíritu vivo, entusiasta, pasó de una idea a otra a un ritmo tan acelerado, que los traductores “simultáneos” estaban sobrepasados. Entonces “¿Carlos de Foucauld permaneció monje hasta su último suspiro, como lo afirma nuestro hermano?” Sobre este tema y sobre otros, las reacciones fueron enérgicas; las cuestiones fueron lanzadas y los intercambios continuaron mucho más tiempo de lo previsto.
El hermano Alois, prior de Taizé, vino también a hablarnos sobre “Gritar el evangelio hoy”. ¡Qué extraño verbo escogimos! nosotros que somos más bien discretos y que además, a menudo preferimos callarnos para estar más presentes Nos invitó, no a gritar sino a “descubrir”, sin hacer nada, para ver mejor en ello a Jesús. El hermano Roger, quería “susurrar” el Evangelio; esto requiere la energía de toda nuestra vida ya que las situaciones de desespero son muchísimas. Como un guiño, nos explica como –él y sus hermanos- quieren gritar también, el Evangelio juntos, en Comunidad. Insiste en la prioridad del ecumenismo extendido en todos los pueblos y dijo: los jóvenes no entienden la división. Además ve en la hospitalidad un valor Evangélico que en la actualidad habla sin palabras. Acabó citando a Christian de Chergé diciendo: “Hemos dado nuestra vida a Dios en general… ahora es necesario darla en los detalles”. Concluyó diciendo: Es verdad, debemos dar nuestra vida cotidianamente; dar la vida es cosa de cada día.
Nuestra alegría y nuestras risas, el velo de algunas de las hermanas, las mochilas con la inscripción “Choisir la Fraternité” (escoger la Fraternidad) y el logo del Centenario, la intervención de Adib y las muchas intenciones de los hermanos de la Comunidad en las oraciones en común, hicieron que Carlos de Foucauld habitara verdaderamente la colina durante toda la semana. Podríamos escribir un cuaderno de “fiorettis” ya que desde el primer instante nos sentimos conducidos por la gracia. Para muchos, no les fue nada fácil separarse el domingo.
En uno de
esos grupos una persona, que acababa de descubrir a la Familia Carlos de
Foucauld, dijo: “Con ustedes uno se siente a gusto… Es distinto que en
otras partes… Se siente una gran calidez humana… Ustedes escuchan sin
juzgar: ¡se ve que ustedes aman a la gente!”
Son
piropos muy bellos, ¡que “calientan el corazón!”. No sé si nosotros (si
yo) tenemos siempre una escucha atenta y una acogida sin juicio, pero
lo intentamos… Es uno de los rasgos típicos de la Fraternidad.
Sin lugar a dudas, unos granos de trigo fueron sembrados en tierra. Demos tiempo al tiempo, ¡no se tira del tallo para hacerlos crecer!
Enlace al video sobre Carlos de Foucauld:
http://mundo-carlosdefoucauld.blogspot.com/2016/11/video.html